miércoles, 31 de diciembre de 2008

TU AMOR ME SALVA Y ME SIRVE


La frase "Tu amor me salva y me sirve" que Charly García reza en la canción Necesito tu amor, del álbum Parte de la religión (1987) contiene en sí un error que la vuelve autodestructiva en menos de cinco minutos: el amor no es utilitario, o en otras palabras, no sirve absolutamente para nada.
Aunque si, en cambio, consideramos que el de bigote bicolores se refiere al amor que habita en una persona eternamente enamorada de alguien que no proyecte a su vez un igualmente fervoroso amor, la genialidad vuelve a brillar sobre el músico argentino, que ahora toma mate con palito.
Es decir, las palabras parecieran referirse a una conveniencia egoísta, a la necesidad de eso que llaman amor y que uno es incapaz de dar: "me gusta ser amado, jamás amar" o para ser más claro: "amame mientras eso que hacés me salve de ser un desamorado, un Zaratustra nietzscheneano, mientras, en fin, eso que me das me sirva. La culpa no habita en mí". Todas estas palabras son como las ramas que crecen del árbol: "Tu amor me salva y me sirve", y seguramente el árbol es más frondoso y amplio, casi, según en semiólogo Pierce, hasta infinito. Tal vez soy yo también parte de ese árbol que se mueve con el viento de la música que sopla y sopla, canta y canta. Delirio, ah…
Podríamos también interpretar una relación de servidumbre. Están las personas que sirven para limpiar, la que son útiles para pensar, para gritar, para callar, etc. Los seres humanos que demanda las palabras hilvanadas por charly García son aquellas que son aptas solo para amar sin ser amado, para servir de amador (no amante eso ya existe se llama prostitución y de otros infinitas maneras más). El amador, en cambio, es aquella persona que sirve de máscara, de telón de su verdadera realidad que es lo que se esconde, el bicho kafkiano engañado por esa ilusión que se denomina amor y que excluye a quienes no son capaces de reverberar las luces que reciben en quienes las proyectan, no soportan lo abstracto, nada que se oponga al placer de lo concreto. “La repugnante cucaracha ama el placer”, no el amor de dios y todo su combo en letra chica.
Sin embargo es difícil rechazar el amor, no devolver jamás una dosis de él, no ser feliz con el otro. Pero cuando una elección en pleno ejercicio de mi libertad me aleja de todo eso el amor puede servir. Ser como un salvavidas que si bien impide que nos ahoguemos nunca nos va a sacar del mar, tendremos que conformarnos con él, utilizarlo para poder vivir aquí, servirnos de él pero que él nunca se sirva de nosotros.

lunes, 6 de octubre de 2008

Sentir Miedo




H oy vivimos con miedo. Las calles, las plazas, las esquinas están vacías. La noche perdió todo romanticismo al convertirse en el peor momento. El mas temido por el ciudadano mediocre. Tenemos miedo, las viviendas entre rejas lo demuestran, pero también los policías convirtiéndose en fronteras de barrios pobres, con gente pobre, moral y materialmente, que teme tanto a su vecino pero también al uniformado que trabaja por su seguridad, al servidor público de la ciudad que lo mira con desdén, como diciendo "algo vas a hacer". La clase media de Paraná tiene miedo a esa gente que tiene miedo a esos policías que cuidan la propiedad privada de quienes gozan de ella, mientras que los que no tuvieron esa suerte,
tienen miedo a que el policía crea que como no tiene nada busca hacerse de algo ajeno, que no le pertenece, pues es del vecino bien, el que pone la mosca para que se le proteja, porque tiene miedo, demanda deshacerse de ese miedo, ahí esta la policía, con su oferta: ser la frontera entre la seguridad y el miedo. La seguridad a sus espaldas, se reparte entre departamentos, casa con garaje, familias trabajadoras. El miedo, en cambio, es para ellos: los que no gozan del derecho de la propiedad, son indómitos que necesitan que alguien les diga qué hacer, qué esta bien y qué no; porque no participan de la discusión pública, son los hijos del rigor. Pero lo que sienten no lo pueden evitar. tienen miedo al que les roba una cartera con un documento, veinte pesos, y la llave. Sienten también impotencia mezclado con indignación, porque es el miedo lo único que no tiene, en sus vidas vulnerables, solución.

martes, 2 de septiembre de 2008

Una carta sin sentido





Paraná 20 de abril de 2008
Señora Presidenta:
¿Cuál es el motivo de esta carta? En el más estricto rigor de la cuestión: no sé. Pero por lo pronto sólo me remito a escribir y mientras lo hago --tampoco sé por qué-- me imagino enfrente de usted, sentados ambos en pulcros asientos, separados por una mesa gigante y rodeados de imponentes y orgullosos cuadros y adornos.
Quizá escriba para preguntarle e intentar así de terminar con este montón de dudas que, sin dudarlo, rechazo. Y si le preguntara, entonces, quizá ni usted tenga las respuestas y estos se vuelva una conversación de ignorantes que en nada contribuya a la escasez de certeza que nos despierta cada mañana. O talvez las tenga pero al ser tan tristes como verdaderas prefiere no decir nada, callar, o simplemente mentir, que es más deseable que el silencio que muchas veces dice más que las palabras.
Yo por lo pronto le escribo. Quizá para reprocharle, pero ¿qué es un reproche sino una queja hacia algo que ya no tiene remedio, que ya hizo lo suyo, que es pasado? Entonces... no. Mejor sería decirle simplemente qué está bien hacer o qué no, esto, claro, desde mi humilde punto de vista... pero, tampoco porque seguro ya está rodeada de gente encargada de esta tarea. ¿Y si mejor no digo nada?...
Qué difícil escribirle a usted que decide sobre nuestro destino, y que si no le gusta mucho mi carta... uf quién sabe con que nos podemos encontrar al día siguiente.
De todos modos permítame no dejar perder esta oportunidad, y ya que para ayudarme a escribir comencé imaginándome en su despacho, voy a seguir en ese camino y voy a hacer de cuenta que yo soy su consejero, su mano derecha, y que un día cualquiera, aún sabiendo que me va a correr de un buen carterazo, le digo: señora Presidenta, le aconsejo que no olvide su política de derechos humanos, y busque y aclare la desaparición de Julio López, y de todas las adolescentes que son robadas para el cruento mercado de la prostitución. Estás también son personas desaparecidas, pero en su gobierno. En caso de conflicto no intente demostrar "quién la tiene más grande", utilizando la violencia de los mismos que usted condena. No hable en nombre de mi familia cuando defiende la redistribución de los ingresos, porque a mis padres y a mí como estudiante, nos siguen doliendo los precios. Tampoco se escude en lo difícil de ser President-a con A cuando, por el otro lado, toma medidas de un pingüin-o con O, y sobre todo no convierta esto en otro show, que ya estamos demasiado contaminado de eso.
Ya a esta altura de mi oratoria me veo preso o, en menor medida, destituido para siempre de mi trabajo como consejero. Pero, volviendo a la realidad, le pido, señora Presidenta, no considere esto como un agravio, o como un mensaje "cuasi mafioso", no por favor. Intente de verlo como lo que es: una carta sin motivo, sin sentido, porque todavía sigo sin saber a ciencia cierta por qué le escribo.

¿¿...??




"¿Qué harías si fueras presidente?" Se le ocurrió preguntar a mi sobrina de tan sólo 8 años y me dejó mudo. "Eh...eh... no sé", le dije.
Sucedió, creo, que la sensación que tuve cuando traté de imaginarme en el sillón de Rivadavia fue de no saber elegir entre tantas cosas por hacer. Lo que si estaba seguro era, qué no haría. Pero aquí lo importante es lo otro, la acción, la decisión. Así que decidí, justamente, hacer la misma pregunta a las personas que frecuento comúnmente y encontrar en ellos el camino hacia la respuesta.
Gisela Villalba tiene 20 años y trabaja de moza en un restaurante del puerto, ella fue la primera presidenta en hablar:
—Yo como presidenta, pondría en blanco a todos los trabajadores jóvenes que recién empiezan y daría trabajo a todos los que no pueden ni siquiera empezar —dijo completamente convencida.
Gisela debió abandonar sus estudios universitarios para trabajar hace ya una año, desde entonces, lo ha hecho sin firmar ningún contrato de trabajo que le garanticé un sueldo digno y seguro.
Javier Gomez de 43 años, es padre de 6 hijos y hace un cuarto de siglo que es empleado en una fábrica metalúrgica. Él ante mi pregunta contestó:
—Qué sé yo, creo mejoraría los sueldos de nosotros, los trabajadores de fábricas para poder pagar las deudas. Cambiaría las horas de ingreso a trabajar, por el frío, viste. Mejoraría la educación en las escuelas públicas para que el día de mañana nadie pueda explotar a los chicos. Ah y compraría jugadores y un buen técnico para que River salga campeón.
Este hombre, fanático de River, desde los 18 años que trabaja, y ya hace un buen tiempo que por las deudas acumuladas una buen parte de su sueldo le es embargado, teniendo que guardar en su bolsillo menos de lo que vale su trabajo.
—Yo bajaría el precio de los libros que están tan caros. Acá un libro bueno, con una buena traducción y demás, sale casi cien pesos y no esperes facilidad de pago, ni promociones, ni nada de eso que prolifera en los celulares, por ejemplo, que salen treinta pesos, ¡es una locura! —dijo Alejandro.
Hace 5 años que él es estudiante de bioingeniería en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
Otras de las voces que aceptó gustosa ser presidenta por un momento fue la de Silvina Ledesma, ella tiene 42 años y hace 6 que atiende un kiosco de barrio, tiene 5 hijos, la mayoría de los cuales estudian y trabajan.
—Por empezar —dijo como anunciando un largo discurso—, daría becas tras becas a todos los estudiantes. No puede ser que trabajen y estudien, no les da el cuerpo ni la cabeza para pensar. Después pondría en blanco a todos los empleados domésticos y les subiría el sueldo. Reduciría las horas de trabajo y... creo que llevaría a mi mamá a vivir conmigo a la Casa Rosada —dijo dejándose arrastrar por la imaginación.
Roberto Fernández, de casi 60 años, es casi maestro, le faltó tan sólo una materia para recibirse. Él está al frente, junto a otra persona más, de una fábrica asentada en el Parque Industrial de la ciudad. Según él:
—Si fuera presidente, no haría lo que esta haciendo Kirchner ahora. Mirar la realidad con esa ideología montonera, no le deja ver lo que realmente pasa. Los Kirchner piensan que los conflictos hacen la historia y no es así. Tiene que haber acuerdo, dialogo. Pero no, ellos siempre van a la pelea —dijo con claros gestos de bronca.
Lo paradójico de esta palabras, es que Roberto en sus tiempos de estudiante fue un miembro más de la organización guerrillera que ahora critica. Pero, según parece, es un momento de su vida que prefiere olvidar.
—A mi con intendente me alcanza —contestó entretenido Matías Domínguez —.
Él tiene 31 años y es enfermero del hospital San Martín, pero cuando le hice la pregunta su respuesta no se relacionó en nada con su oficio.
—Porque lo primero que haría sería subsidiar a los músicos de acá de la ciudad. Es vergonzoso, que para tocar en vivo tenés que aceptar que los bares te roben la plata de las entradas que vos vendes y encima cuando terminás de tocar, no te dan ni un vaso de agua. Hay miles músicos buenos y ninguna posibilidad para ellos.
Matías desde su adolescencia hasta esta parte, dedica sus tiempos libres a tocar la batería en una banda de rock que le ocupa más lugar que ninguna otra cosa en su corazón.
Entre pregunta y pregunta las respuestas van desnudando carencias. Todo lo que estos actores sociales confiesan que harían si estuvieran al frente del gobierno es también la denuncia, los gritos de ayuda ante el vacío de la nada que nada hace, aquello que falta y que ellos imaginan concretarse sólo si ellos estuvieran en el poder o si por lo menos sus reclamos estuvieran en ese lugar, que vendría a ser lo mismo.
En cuanto a la pregunta que no encontraba respuesta, creo que esta manera de buscarla me reveló además, el principal problema de todos los que han detentado el poder en calidad de presidente: el no saber o no querer escuchar, la falta de interés por lo que expresa el otro. Por lo tanto, ¿qué haría yo si fuera presidente? Escuchar.
Walter Fabian Gomez (fabi_11g@hotmail.com)

domingo, 31 de agosto de 2008

Cromañón, hoy




Fabian Gomez
Hoy, después de cuatros años de desconcierto, comenzó el juicio por la tragedia de Cromañón. Hoy, la historia vuelve a repetirse, pero esta vez como relato de lo que pudo evitarse, pero que sin embrago, ocurrió. El destino, el contexto, Ibarra, Chabán... alguien quiso que sucediera allí, en un recital, en el barrio porteño de Once, y mientras el grupo de rock Callejeros hacía sonar los primeros acordes de Distinto, la canción con que decidieron abrir el show que hoy es sinónimo de corrupción, tragedia, estupidez, y demás adjetivos que utilizamos cada vez que escribimos sobre el fuego que se mezcló con polietileno y ahogo con su indefectible humo espeso las gargantas de 194 personas, y llenó de lagrimas a miles de padres congregados hoy para concentrar su bronca en un grito: "asesino, hijo de puta", dispararon contra Patricio Fontanet, que debe dar su versión de lo sucedido, mientras cantaba ante 4 mil personas en un lugar donde entraban no mas de 1500.

"Hoy después de Once, un recital paso a ser una trampa mortal en potencia, un juego que te puede llevar a la muerte, un Callejeros, o un Chabán más."

Hoy la justicia tratara de cerrar una herida, sin embrago no podrá cambiar el curso que tomaron las cosas después de Cromañón. Antes del 30 de diciembre del 2004 cuando se iba a un recital, nunca a nadie se le pasaba por la cabeza que no iba a volver, hoy, por más que se diga en broma o que repentinamente te venga a la memoria y luego se esfume, Cromañón se une a nuestro ser nacional como una preocupación más, un miedo más que enfrentar. La inseguridad, el peligro de pensar distinto, de mostrarte diferente, parece ser parte de nuestra cultura Argentina, tanto como Maradona, el Che, y el mate.
Hoy después de Once, un recital paso a ser una trampa mortal en potencia, un juego que te puede llevar a la muerte, un Callejeros, o un Chabán más.
Antes, sin embrago, los encuentros obligados de la juventud proveniente, la mayoría, de la clase media, eran los recitales de rock. La plata que se ganaba en un laburito modesto, o que venía de papi, se gastaba en las entradas, que valían más o menos 30$. Hoy suponer que Cromañón nos condujo a pasar de aquello, a esto que vemos hoy: la nueva cultura de las tribus urbanas, pequeñas sociedades de amigos que se reúnen en lugares abiertos, tomando por completo el espacio que eligen apara sus charlas sin sentidos; y reuniones desde la propia casa, en los ciberespacios, protegidos por la seguridad que brinda el sedentarismo ínter nauta, no sería caer en lo absurdo.
Lo que si es seguro, es que el efecto Cromañón no se hizo esperar. Todas las bandas del país debieron aguardar pacientes la llegada de otro recital, la juventud desaforada debía ahogar su descontrol hormonal con alcohol reunidos en sus casa (lo que luego derivaría en la llamada “previa”), y demás metamorfosis que hoy debemos sufrir.
Lo que hoy se juzga son personas, negligentes, incautas, ingenuas y corruptas, pero la herida ya hizo lo suyo, repercutió en nuestra cultura, es decir, en lo que somos, y en lo que vamos a ser como personas. La muerte (evitable) de casi 200 vidas nos condena a tener que condenarnos entre nosotros, a dudar de todo y de todos, a resignarnos a un fin y un improvisado comienzo, y a tener que repetir, otra vez, y hasta el cansancio, nunca más.

jueves, 28 de agosto de 2008

Extasis


La vida: para una adolescente de 16 años, clase media, pop y eléctrica, eso que la despierta cada mañana con un dejo de duda, de alienación individual y culposa, de desperdicio y costumbrismo, en fin, estupida inercia. El paso obligatorio al limite fugaz que te empuja hacía un lado o hacía el otro.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Conflicto Agrio


Critica a la (falta de) razón

Walter Fabian Gomez
¿Quién tiene la razón en este conflicto entre el sector agropecuario, (digamos para evitar el cliché "campo"), y el poder ejecutivo (en fin, el "gobierno")? Es justamente mi tarea escribir dos artículos, el primero que trate de explicar por qué en esta situación de tire y afloje es el oficialismo el qué esta en lo correcto y no los ruralistas, y en el otro, un tanto contradictorio, debe analizar sobre por qué, en cambio, son los chacareros y no los políticos K los que llevan la recta razón en esto cuatro meses de acérrima disputa.
Pero me disponía a comenzar mi tarea, fiel a lo que se me pidió (la redacción de dichos artículos) e inmediatamente, como una espontaneidad intelectual, se me vino a la memoria un librito que había leído ya hace unos años atrás y que había olvidado. Éste se llama "Apologías y Rechazos" y su autor es Ernesto Sabato.
En este libro, que recopila trabajos que el escritor publicó en diversos medios gráficos de Buenos Aires, Sabato refiriéndose al antisemitismo nos dice "los antisemitas proceden como el resto de mortales que creen obrar a bases de razones cuando en verdad sólo se mueven impulsados por sentimientos, pasiones e instintos. Los conductores de masas han tenidos siempre presentes este atributo de la condición humana y han apelado siempre a las pasiones --preferentemente a las bajas-- para desatar tremendos movimientos, que jamás lograron desencadenar aquellos lideres de partidos que pretendieron hacer razonar a las multitudes"... Así, sobre la base de estas palabras, estos cuatros meses de feroces palabras y no menos situaciones de violencia sólo reafirman esto que Sabato menciona como la principal arma de destrucción masiva, la pasión.
Conflictos, gritería sin sentido, recursos archí conocidos, basura masiva de información, con un uso desmedido de la pasión, sobre todo eso y nada de razón.
Consultando medios de comunicación para encontrar algo que me ayude a entender los tiempos que corren me encontraba a cada paso con un show que nada tiene que ver con el debate de un modelo de país: palabras disparadas como mísiles de un lado y del otro, pocos argumentos, pobres argumentos, ¿y la raíz del momento histórico que estamos viviendo? "Bien gracias". Nada, pocos quieren tomar el pico y la pala, y cavar para llegar al fondo de la cuestión, sólo "este dijo esto y aquello" o "este otro declaró tal cosa en una clara mención a este otro", y así esto se vuelve un puterio de barrio, donde la razón, la facultad de sentarse a discutir ideas, de limarla y definirlas se pierde entre fotos y titulares de palo seco a dos páginas llenas.
A propósito de esto, nuestro filósofo José Pablo Feinmann, que suele escribir en el diario porteño Página12 se manifiesta de la misma manera en este medio y declara que ya no se discuten ideas sino que lo que se exponen sirve para ocultar intereses y que ante palabras suyas tales como "Las retenciones al agro, por medio de un Gobierno con tenues tendencias a intervenir en la economía, son importantes para una paulatina redistribución de la riqueza, aun cuando, como todos sabemos, ese Gobierno no quiere ir más allá de un proyecto democrático, capitalista, con toques de distribucionismo, de un keynesianismo que lo acerca, aunque levemente, al Estado de Bienestar del primer peronismo, el que se explayó, sobre todo, entre 1946-1952" ( contratapa: "Lo que hay y lo peor" J.P.F. 20/4/2008), ante esto, dice, nadie osa rebatirlo por la falta de entendimiento que impera en el conflicto. Excelente, pero Feinmann no concluye con esto sino que por el contrario sigue cosechando fervor sin razón, él usa de forma excelente la prosa pero con un fin movilizador y, por lo tanto, utilitario y no reflexivo. Feinmann que a publicado excelentes libros y demás cursos filosóficos de la misma lucidez, debería desdeñar de escribir cosas tales como "El llamado ‘campo’ es proto-golpista" (Ídem) o recurrir a la doxa para decir que "en Argentina cualquier pelotudo tiene un blog" (Feria del libro de Buenos Aires 2008) porque si bien tiene y usa la razón en algunas cosas, la destruye y hace añicos en otras, contribuyendo finalmente a este "desierto de lo real".
Entonces, si hay debates en los medios, estos son pocos y escasos cuando no dudosamente sencillos. Por ejemplo, Las retenciones, según se afirma desde el gobierno, son para una distribución equitativa de la riqueza del país, vale aclarar, para hospitales, escuelas lugares públicos, y ello está más que claro. Pero enseguida como el rayo que le sigue al nubarrón, sin dejar margen a la acción, aparecen los que mandan en el campo, (representando a quién, es lo que debería discutirse hasta el cansancio) las cuatros entidades que explotan el suelo y su riqueza con De Angelis como un anacronismo del viejo caudillo entrerriano, a reclamar un robo que según consideran, comenzó el gobierno cuando dictó en marzo la resolución 125 que llevaría adelante dichas retenciones, --y que finalmente, cual goleador que mete, en los últimos minutos del partido, el gol salvador, el vicepresidente Cobos definió a favor de los ruralitas. A partir de ahí el desconcierto total, se comenzó a banalizar un debate que no debería haber sido llamado Campo vs. Gobierno, por que "todo tiene que ver con todo", como decía mi viejo, a lo que agregaría "y con todos". Por qué, si las retenciones es una medida destinada a una mejor repartija de la torta para todos, aparece el egocentrismo campestre acusando al gobierno de ladrones y demás adjetivos des-calificativos y a esto, para colmo, responde la paranoia Kirchnerista que de manera retórica, para que sean efectivas sus palabras, expone su enojo, su odio. Pero ¿No deberíamos ser todos los que, sin ser juguetes de los instintos –despertados por otros, claro está--, discutamos racionalmente, qué es mejor para el país?
Y me detengo a repensar: ¿no hay discusión de seres racionales por ningún lado o son los medios los que muestran a la realidad mutilada y así difunden la irracionalidad para impedir el trascendental uso de la razón? Creo que ambos.
Y es así, porque tanto de un lado como el otro se entiende a los medios como esos cinco minutos de fama en que se debe movilizar las pasiones de la población en pos de intereses egoístas. Ya no se cree --no sé si alguna vez se hizo--, en los medios como herramienta democrática que evite el ocultamiento mostrando la diversidad de ideas, de opciones de posturas, no, hoy lo hegemónico (¿quién decide qué es hegemónico? Deberíamos pensar) esconde lo demás. O somos Tinellistas o Pergolinistas, piqueteros o ruralistas, de izquierda o derecha, del campo o del gobierno. Y a esto apostaron los medios, a las dicotomías que convocan públicos fragmentados, es decir, enfrentados. Como si nos debiéramos conformar con ser espectadores que solamente miran el tren pasar, totalmente ajenos a la situación, se divide al país en Campo y Gobierno y el que se quedo afuera que se joda, o es blanco o negro ¡Nada de grises!
Tratar escribir, entonces, dos artículos sobre quien tiene la razón, creo que sería primero, echar más leña al fuego y segundo arbitrar sobre quién manipula mejor la conciencia de la gente y no quién tiene la mejor idea. Esto es así, el camino más fácil sigue siendo la apasionante y sencilla ignorancia.